URBANISMO CON PERSPECTIVA DE GÉNERO

“Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todo el mundo, sólo porque, y sólo cuando, se crean para todo el mundo”

Jane Jacobs.

A lo largo de la historia el papel de la mujer ha estado inmerso dentro de una estructura patriarcal que la ha hecho invisible y presa de una relación de poder, de discriminación y de una profunda desigualdad que ha afectado a sus más mínimos derechos. Esta clase de relación se ha basado en la división sexual del trabajo, estableciendo unos principios y valores aceptados en nuestra sociedad y que han enmarcado el papel de la mujer dentro del ámbito privado, es decir, un papel reproductor y de cuidado del hogar, del esposo, de los hijos y de personas dependientes. Por el contrario, el hombre ha cumplido una función productiva dentro del contexto público, esto es, ha tenido una función con poder de decisión y con la capacidad de proveer a las necesidades económicas del hogar. 

En los años 70 surgieron movimientos de diversas organizaciones de mujeres que defendieron sus derechos y empezaron a trabajar por su reivindicación en la sociedad a través de la igualdad de oportunidades, con lo cual, se dio origen a importantes tratados, diversos debates, promulgaciones constitucionales y legales que han sido muy significativos en dicha reivindicación. Además, se llevaron a cabo cuatro importantes Conferencias Internacionales promovidas por la ONU y que han sido determinantes en la defensa de la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres.

La primera de ellas se llevó a cabo en México en el año 1975, denominada también como Conferencia del Año Internacional de la Mujer. En ésta, se introdujo el concepto de igualdad de género, el ejercicio de derechos, la no discriminación por razón de género, la participación  de la mujer en la sociedad y el establecimiento de estrategias que beneficiaran su desarrollo y crecimiento.

La segunda Conferencia tuvo lugar en Copenhague en el año 1980, llamada Conferencia Mundial del Decenio de las Naciones para la Mujer. En ella, se valoró el cumplimiento de las estrategias señaladas en la conferencia de 1975 y se establecieron tres nuevas líneas de acción: la igualdad de oportunidades en la empleabilidad, la igualdad en la educación y la igualdad en la salud de la mujer.

La tercera Conferencia se realizó en Nairobi en el año 1985. Con ella se hizo un balance de los logros alcanzados en  la Conferencia de Copenhague. Se dio un radio de protección mucho más amplio, pues no solo se trataba de reconocer  los derechos de la mujer, sino también garantizarlos a través de una real y efectiva igualdad de oportunidades. Fue así cómo se adoptaron herramientas constitucionales y legales que ayudarían a vincular a la mujer en la participación activa dentro los órganos con poder de decisión, abarcando a todas las esferas de la sociedad.

Sin embargo, la Conferencia que marcó un hito en la defensa de los derechos de la mujer, fue la que se llevó a cabo en Beijing en el año 1995. Se habló por primera de la perspectiva de género y del empoderamiento de la mujer. Se creó la Plataforma de Acción Beijing, a través de la cual se adoptaron áreas de gran importancia, con las que a través del principio de transversalidad de género, se buscó la garantía de los derechos de la mujer en todas las políticas públicas y en todos los estamentos sociales, siendo su participación activa en la sociedad y en la toma de decisiones de las diferentes organizaciones, fundamental para el crecimiento económico y el desarrollo humano de ciudades sostenibles. 

Partiendo de lo anterior, el urbanismo como política pública no podía ser ajeno a un modelo de ciudad en el que se introduce la perspectiva de género como uno de los elementos imprescindibles en el diseño de ciudades sostenibles. Tradicionalmente el urbanismo se ha caracterizado por la construcción de un modelo de ciudad neutro en el que el diseño de los espacios no perjudica ni favorece a una persona o colectivo concreto. No obstante, dicho modelo ha contribuido a perpetuar la división sexual del trabajo, la desigualdad social y la inexistencia de una sociedad más justa, igualitaria, inteligente e inclusiva. 

En el modelo tradicional de ciudad, los roles establecidos para mujeres y hombres tienen connotaciones diferentes en los tiempos y uso del espacio público. Se ha ido construyendo un modelo de ciudad disperso en el que las construcciones residenciales, los equipamientos y, en general los espacios públicos, están zonificados. Ha empezado a desaparecer el comercio de proximidad en beneficio  de los centros comerciales, además, las viviendas se han construido para un modelo de familia tradicional enmarcada en la división sexual del trabajo, generando dependencia del transporte privado o, en su defecto, del transporte público para quienes no conducen, situación que perjudica seriamente a la mujer. La movilidad es un aspecto muy importante ya que si existe un sistema de transporte que sea pensado en las necesidades de las personas, se ahorraría tiempo en los desplazamientos y un mejor manejo del espacio público. 

El informe presentado por el clúster GlonsingGap en septiembre de 2019, el cual se formó en el año 2018 por BMW Group, Bankia, Inditex, L’Oréal, Mahou San Miguel, MAPFRE, Meliá Hotels International Merck, PwC, Repsol, Solán de Cabras y Vodafone y que tiene origen en el proyecto Healthy Women, Healthy Economies, analizó el coste de oportunidad de las brechas de género  y las medidas para conseguir una mayor igualdad de oportunidades. En relación a la movilidad constató que en la Unión Europea hay una mayor proporción de hombres que de mujeres, que se desplazan  en coche particular y motocicleta. Además, señaló que las mujeres prefieren utilizar el transporte público y la bicicleta, recibiendo los riesgos de manera diferente, incluso el riesgo medioambiental relacionado con el cambio climático.  De igual manera, dispuso que las causas de esta diferenciación en el uso del transporte público para mujeres y hombres se debe al ejercicio de  roles, estereotipos y condicionantes por razones de género.

Por otra parte, existen espacios públicos con poca iluminación y que no ofrecen seguridad en la distancia entre las viviendas y la parada de autobuses. La mujer con poca movilidad, ve limitada su libertad de desplazamiento, especialmente en horas de la noche y, por tanto, la posibilidad de tener acceso a un empleo y a disfrutar de un tiempo de ocio.

Con la perspectiva de género en la planificación urbana, se pretende convertir lugares inseguros y violentos, en lugares seguros y confiables y, que además, no contengan elementos publicitarios discriminatorios tal como dispone el Artículo 3 a) de la Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad.

Por tanto, se busca entonces una planificación urbana que sea de proximidad e inclusiva, con diseños ajustados a las necesidades de la mujer y de la ciudadanía en general, una planificación urbana que garantice el principio de igualdad de trato y de no discriminación consagrado en el artículo 14 de la Constitución Española y que posibilite el acceso a una infraestructura urbana sostenible que abarque a cualquier tipo de familia y que contribuya a conseguir la conciliación de la vida personal, familiar y laboral.

Un aspecto importante en la planificación urbana es la participación ciudadana. La mujer, como agente de desarrollo humano, constituye un gran potencial en el diseño de ciudades sostenibles. Las ciudades no pueden seguir con el modelo tradicional neutro, deben estar pensadas y diseñadas para todas las personas en igualdad de condiciones tal como lo establece la Agenda 2030 en su objetivo 5: “la igualdad entre los géneros no es solo un derecho fundamental sino que es uno de los fundamentos esenciales para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible” y, unido a los anterior, el objetivo 11 también de la Agenda 2030 estipula: “los espacios urbanos de cualquier ciudad serán más inclusivos, seguros y sostenibles”. 

En España, el artículo 15 de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres, desarrolla el principio de igualdad de trato y de oportunidades, señala que el principio de transversalidad se aplicará en las diversas actuaciones de todos los poderes públicos y será integrado en todas las políticas públicas. El artículo 31 de la misma normativa, hace referencia a las políticas públicas, de ordenación territorial y vivienda y dispone medidas para dar efectividad al principio de igualdad entre mujeres y hombres. Según este artículo, se tendrá en cuenta las necesidades de los diversos grupos sociales y de las diferentes estructuras familiares, el acceso a una vivienda para mujeres en situación de necesidad o que se encuentren en riesgo de exclusión y víctimas de violencia de género, especialmente cuando en ambas situaciones tengan hijos menores de edad a su cargo. Agrega, que la perspectiva de género se tendrá en cuenta en el diseño de ciudad y en el planeamiento urbanístico y se fomentará y garantizará la participación ciudadana y la transparencia.  

En momentos de crisis como la generada por el COVID – 19, la sociedad ha empezado a transformarse y a establecer nuevos paradigmas en los que el acceso a la vivienda, el derecho a la salud física y emocional, la mejora de los usos y tiempos del espacio público y la seguridad entre otros aspectos, hacen ver la necesidad de propiciar procesos de regeneración urbana y social, que garanticen una mayor calidad de vida para personas con necesidades diferentes  y en igualdad de oportunidades. Así, la perspectiva de género en el urbanismo será una cuestión de oportunidad de cambio en el diseño de las políticas públicas; constituirá, además, una obligación legal que se ajustará a las normativa constitucional y legal que garantiza los principios de igualdad y transversalidad en todas las actuaciones públicas y, finalmente, también será de justicia social porque pretende reivindicar derechos no reconocidos a lo largo de la historia. Por tanto, el urbanismo con perspectiva de género invita a reflexionar y a participar activamente en un nuevo diseño de ciudad que busca una sociedad más justa e igualitaria.

                                                                                                               Por: Adriana Yamile Bolaños Medina.